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diario

domingo, 13 de noviembre de 2011

Brasil: la belleza del mestizaje

El país suramericano es un adelanto de lo que va a ser el futuro de todos nosotros

Hace algún tiempo, los responsables del censo en Brasil pidieron a la gente que describiera el color de su piel. Los brasileños llegaron a sugerir 134 términos distintos; entre ellos, alva-rosada (blanca con reflejos rosados), branca-sardenta (blanca con manchas marrones), café-com-leite (café con leche), morena-canelada (canela), polaca, quase-negra (casi negra) y tostada. Esta forma poética y desenfadada de describirse a sí mismos refleja una realidad que el visitante puede ver con sus propios ojos, sobre todo en las zonas más pobres de las grandes ciudades del país. En la Ciudad de Dios, una zona de viviendas protegidas para pobres a las afueras de Río de Janeiro (y escenario de la película del mismo nombre), he visto todos los colores y variedades posibles de rasgos faciales, a veces en la misma familia. Alba Zaluar, una distinguida antropóloga que lleva años trabajando entre los habitantes de la Ciudad de Dios, me contó que ellos mismos se hacen bromas entre sí: "Tú, blanquito", "tú, marroncito", etcétera. Y esos rasgos, con su mezcla y su diversidad, son a menudo muy hermosos.
Brasil es un país en el que la gente ensalza la riqueza del mestizaje como un atributo nacional, y de esa forma da un significado positivo a lo que, en origen, era un nombre ofensivo e inadecuado nacido en Norteamérica. Pero también tiene un lado oscuro. La imagen de democracia racial que tiene Brasil de sí mismo se remite a principios del siglo XX, época en la que contrastaba con un Estados Unidos aún dominado por la segregación racial. Pero la realidad sigue siendo, todavía hoy, que la mayoría de los que no son blancos está en peor situación económica, social y educativa que la mayoría de los que sí lo son. Y esa desigualdad se debe, en parte, a la discriminación racial.
Llegué a Brasil dispuesto a hacer preguntas sobre la pobreza, la exclusión social y las desigualdades; a los pocos minutos, mis interlocutores estaban hablando de raza. Ha ocurrido sin cesar, incluso en una conversación con el admirable ex presidente del país Fernando Henrique Cardoso. En unas memorias llenas de vida, El presidente accidental de Brasil, Cardoso recuerda sus investigaciones cuando era un joven sociólogo que trabajaba en las favelas. Aunque deja constancia de la inmensa mezcla de razas, la conclusión a la que llegó entonces fue que "en términos generales, en Brasil, ser negro era ser pobre".
Para ocuparse de este problema, su Gobierno puso en marcha programas de discriminación positiva, que con el presidente Lula se han extendido aún más. Hoy, muchas universidades tienen cupos reservados para aspirantes que proceden de los colegios públicos y para negros. Los de los negros son objeto de feroces controversias. En primer lugar, existen objeciones de principio. Maria-Tereza Moreira de Jesús, una poeta y escritora negra, lo ha explicado, según he podido leer, como sigue: "El racismo existe, desde cómo te tratan en una tienda hasta cómo te entrevistan para un trabajo, pero basar el acceso en la raza es otra forma de racismo". Un rapero negro al que conocí en una favela de São Paulo, MC Magus, me dijo que las cuotas le parecían una mala idea. "Todos somos iguales", explicó.
Existe asimismo una dificultad práctica: en una sociedad tan mezclada y multicolor, ¿cómo se decide quién es negro? El problema se vio de manera muy gráfica con el caso reciente de dos gemelos idénticos, Alex y Alan Teixeira da Cunha, que solicitaron plaza en la Universidad de Brasilia y se acogieron al programa de cuotas. Alan fue aceptado por ser negro, Alex fue rechazado por no serlo. La Universidad de Brasilia cuenta con una comisión que decide la raza basándose en fotografías de los candidatos y en fenotipos como el cabello, el color de la piel y los rasgos faciales. La persona que me lo contó era judía. "Se puede usted imaginar lo que me parece todo esto", dijo.

Afrodescendientes

Algunos de los movimientos negros del país, muy activos, prefieren el término afrodescendientes. Pero un estudio científico reciente sobre ADN mitocóndrico y nuclear muestra que más del 85% de la población -incluidas decenas de millones de brasileños que se consideran blancos- tiene una aportación africana de más del 10% en su genoma (los primeros colonos portugueses no solían ir acompañados de sus esposas).
Quizá habría que volver a la definición tradicional que dan los brasileños de sí mismos. Las cifras recientes del Instituto Oficial de Geografía y Estadística indican que aproximadamente el 50% de los brasileños se clasifican como "blancos"; un poco más del 40%, como "marrones"; algo más del 6%, como "negros", y menos del 1%, como "amarillos" (es decir, de origen asiático, sobre todo japonés) o "indígenas" (son traducciones directas de las cinco categorías que se ofrecen). En un gesto lleno de audacia, los representantes de los movimientos negros, algunos apoyados por fundaciones norteamericanas, han propuesto que toda la población no blanca se clasifique como negra. Así sería todo más sencillo: blanco y negro.

Cupos de admisión

Otros claman, horrorizados, que eso equivaldría a importar lo peor de la clasificación racial de tipo estadounidense y negar el mestizaje característico de Brasil. Si es verdaderamente necesario que existan cupos de admisión en función del color -algo que los tribunales de EE UU acaban de declarar discriminatorio-, por lo menos, que se inspiren en el método brasileño tradicional de identificación. Antes, la gente solía inclinarse hacia la parte más clara del espectro, sobre todo a medida que se iba enriqueciendo ("el dinero blanquea", dice con ironía un sociólogo). Si las cuotas pueden servir para que ahora unos cuantos prefieran ser negros, pues muy bien. Después de tantos siglos en los que tenía muchas más ventajas ser blanco -la esclavitud no se abolió en Brasil hasta 1888-, tiene cierto sentido que se marquen los naipes para favorecer al otro lado. Y si eso supone que una chica a la que la mayoría consideraría blanca va a intentar entrar en la Universidad alegando que es negra, no tengo más que desearle buena suerte.
Dado que no soy brasileño, no soy quién para adjudicar la victoria en este debate. Comprendo los poderosos argumentos contra las cuotas basadas en el color; también comprendo la dura realidad heredada de la discriminación, que es preciso resolver. Lo decidirán los propios brasileños. Pero me gustaría decir, con toda sinceridad, que confío en que Brasil esté cada vez más cerca de hacer realidad su viejo mito de la democracia racial, y no retroceda a unos estereotipos raciales anacrónicos ni a convertir unas identidades complejas en un solo atributo. Porque lo que he descubierto en Brasil es un adelanto de lo que va a ser el futuro de todos nosotros, en un mundo en el que los pueblos estarán cada vez más mezclados.
Soy consciente, claro está, de que corro peligro de parecer un forastero rico y blanco -más que blanco, alva-rosada, sobre todo después de 15 días bajo el sol brasileño- que se aventura en las favelas durante unos días y exclama: "¡Qué bellos son todos!". Yo mismo podría escribir la sátira correspondiente. Pero no tengo más remedio que decirlo: lo que he vislumbrado en Brasil, incluso en medio de la pobreza y la violencia de la Ciudad de Dios, es la belleza del mestizaje. He aprendido a ensalzarlo siguiendo el ejemplo de los propios brasileños. Y esa mezcla es precisamente lo que ha contribuido a que estén entre los seres humanos más hermosos del planeta. Lo que aquí se anuncia -pero insisto: si, y sólo si, Brasil es capaz de corregir sus espantosos desequilibrios sociales y económicos y un legado de discriminación- es la posibilidad de un mundo en el que el color de la piel no sea más que un atributo físico, sin más, como el color de los ojos o la forma de la nariz, y que uno pueda admirarlo, mencionarlo o hacer un chiste sobre él. Un mundo en el que la única raza importante sea la raza humana.
Traducción de M. L. Rodríguez Tapia
http://www.elpais.com

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El racismo del gobierno brasileño contra mestizos Volver
El gobierno brasileño está resucitando una antigua y no muy conocida forma de racismo, lo antimestizo, y haciendo de la negación de la identidad mestiza una nueva versión de limpieza étnica. Racistas como el conde Arthur de Gobineau, que residió en Brasil en el siglo XIX, defendían que el mestizaje levaría à decadencia general de la humanidad porque, afirmaban, debilitaría lo que cada raza tenería de mejor.



Para evitar este “peligro”, defendían la necesidad de preservación de la diversidad y de la pureza racial de los pueblos – un de los frutos más recientes de esa ideología fue el sistema de apartheid sudafricano.


La política racial de lo gobierno brasileño del Partidos de los Trabajadores (PT) ve en la mestizaje una amenaza a su proyecto de transformar la sociedad brasileña en un grande mosaico de nacionalidades y de tornar la idea de pueblo brasileño una ficción del pasado. Para el presidente de honra del PT y presidente de Brasil no hay sentido en palabras como ‘mulato’ (mestizo de negros y blancos), ‘caboco’* (mestizo de indios y blancos) o ‘cafuzo’ (mestizo de indios e negros); para Lula las personas que se identificaran como pardas** en los censos oficiales estaban en la verdad deseando expresar que eran negras. Esta es la razón de la dificultad de Lula para hablar las palabras ‘mestizo’ y ‘caboco’ en sus pronunciamientos sobre asuntos étnicos y raciales, inclusive cuando hay comentado sobre la igualdad racial entre los humanos en su último discurso en Manaus.


Con el mismo estilo y ánimo de aquello personal que, “con la certeza en la frente” y verbas públicas la conta, realizaron un quiebra-quiebra en Brasilia, admiradores locales del presidente atacaran una señora que asistía a la precampaña de Lula a fin de arrancar de ella una faixa del movimiento Nación Mestiza, en la cual era solicitado al presidente que los mestizos también tengan representación en el Consejo Nacional de Promoción de la Igualdad Racial. Este consejo, compuesto en su mayoría por organizaciones del movimiento negro, también es compuesto, para satisfacer exigencias políticas y legales y para justificar su nombre, de representaciones solitarias de indígenas, gitanos, judíos, palestinos y árabes.


El consejo es un órgano consultivo de la Secretaria Especial de Políticas de Promoción de la Igualdad Racial cuyo nombre (que recuerda un título de tese) es resumido en la sigla SEPPIR. La SEPPIR es administrada por Matilde Ribeiro, histórica militante del Partido de los Trabajadores y del movimiento negro.


Como todos saben, cuando Cabral apareció por estas tierras, había aquí los nativos. Con la colonización portuguesa, nacieron los primeros mestizos de blanco y indígena, llamados por los europeos, posiblemente por su color, de ‘mamelucos’ y por los indios, posiblemente por su origen, de ‘cabocos’. Después llegaron los negros, surgiendo los primeros ‘mulatos’ y los primeros ‘cafuzos’ – bien antes del PT y del gobierno Lula, bien antes de lo iluminado discurso de que mestizo y pardo son invenciones de la Globo.


El gobierno fue más adelante que reconocer y debidamente valorizar las manifestaciones de las diversidades ya existentes en el pueblo brasileño: decidió promover la diversidad como un bien en si mismo al ponto de invéntala, en sus termos y intereses. Al mismo tiempo que en el Amazonas, los ‘cabocos’ son constreñidos a se asumieren negros, en Mato Grosso la Funai (Fundación Nacional del Indio) impone a mestizos chiquitanos la identidad indígena – con directo a cacique (indicado por el gobierno) y tudo más.


La diversidad del gobierno brasileño del Partido de los Trabajadores ten lugar para indios, negros, judíos, gitanos, árabes, palestinos y blancos, mas no ten lugar para mestizos. Día 13 de mayo último, en el Parque do Idoso, la Ministra Matilde Ribeiro compareció a un seminario promovido por el PT sobre temas raciales. Hube pocos participantes, ‘petistas’ y no ‘petistas’, entre ellos representantes del movimiento indígena, del movimiento negro y de la recién criada Secretaria Municipal de Derechos Humanos (SEMDIH). Miembros del movimiento mestizo que comparecieron al Parque do Idoso fueran impedidos de asistir al evento bajo la alegación de no pertenecieren al partido. Cuando peden el voto del elector no son tan exigentes.


Calibrado en el discurso y en el apoyo de organizaciones no gubernamentales, varias délas con sede en Europa y EEUU, el proyecto de Lula para el Brasil es lo de una nación y de un país retallado – y cuanto más, mejor – y lo de un estado con finalidad simplemente administrativa. No hay pueblo brasileño, ya encinan; pueblo brasileño es cosa de Darcy Ribeiro. Cuanto a los afro-brasileños (y aquellos que ellos así consideran) deben ser divididos y tribalizados, o mejor, aquilombados.


Cuanto a esta última observación, lo que no es rememorado por el discurso del gobierno petista es que los esclavos negros y afro-mestizos no fungían para quilombos porque rechazasen la sociedad europea o la cultura occidental; fugian para quilombos porque era mejor vivé en ellos que como esclavos en las senzalas; el propio esclavismo, motor del sistema colonial europeo de la época, no era desconocido en la África. Con o fin de la esclavitud, la opción de la absoluta mayoría de los ex-esclavos fue continuar conviviendo con los blancos, escaseando lo surgimiento de nuevos quilombos.


El discurso oficial no recuerda que la mayoría absoluta de los negros que es transportada para el Brasil no venía de sociedades tribales, pero de grandes sociedades comerciales; buena parte de los negros transportados al Brasil, posiblemente la mayoría, era formada por prisioneros de guerra transformados en producto de exportación y transportados dentro del territorio africano por antiguas vías comerciales. No hay, así, cualquier paralelo entre quilombos, y mucho menos entre sus remanecientes, y sociedades tribales africanas. Pero, el gobierno petista decidió promover la tribalización de los remanecientes de quilombos, decidió estimular su isolamiento del restante de la nación bajo argumentos como la alegación de que posuen cultura diferenciada, de que esta cultura está amenazada por el restante de la sociedad nacional, etc.


En su política etnocida favorable al fraccionamiento del pueblo brasileño, o gobierno opta, así, por alimentar preconceptos, desvalorizar el proceso de mestizaje nacional – ocurrido en los propios quilombos desde sus orígenes – y actuar contra la identidad mestiza y contra la idea de identidad nacional. Peor, opta por determinar cuales deben ser las identidades étnicas y raciales “adecuadas” y reprimir los movimientos de afirmación de la identidad mestiza. Siguiendo las directrices de la política racial del PT, militantes petistas locales tienen apoyado la representación de la Cultura Indígena y Afro-brasileña en el Consejo Estadual de Cultura del Amazonas y la exclusión de la Cultura Mestiza, lo que implica en la exclusión, por ejemplo, de la cultura del caboco, de los ‘ribeirinhos’ y de los inmigrantes nordestinos, elementos fundamentáis en la formación del pueblo amazonense y de su identidad. Porque en el raciocinio del gobierno petista, caboco no existe, pero se existe es ‘pardo’, y sendo pardo es negro y, sendo negro su cultura ya está contemplada en las políticas de la SEPPIR para los afro-brasileños. Si no se asume negro, que se asuma indígena, pero jamás mestizo – es el discurso etnocida con que el movimiento mestizo tiene convivido.


Sumiso a esta política, el titular de la Secretaria Estadual de Cultura, el bachiller Robério Braga, somete también la identidad cultural del pueblo del Amazonas a esta humillación; identidad que, conforme preconiza la Constitución del Amazonas, es una de las finalidades del Estado proteger. Festival de ópera y chopp en el Largo de São Sebastião pueden ser muy agradables (en varios sentidos), pero cultura es algo bien más amplio y difuso y política cultural, que es financiada con verbas públicas, debe prestar satisfacción a quien a sustenta: el contribuyente.


Pero, gracias a Dios, no es solamente de antimestizos que es compuesto el poder y representantes de la sociedad civil – de diversos partidos –, más sensibles a lo deseo del pueblo que a encastellados sabelotodos, instituyeran, en el municipio de Manaus y en el estado,*** el Día de lo Mestizo, a ser conmemorado en 27 de junio. Este es el espíritu del movimiento mestizo, el espíritu de la alma nacional, que repudia la discriminación, la persecución ideológica, el racismo y el etnocidio.


Leão Alves es médico y presidente del Movimiento Mestizo Brasileño.
Traducción de "O racismo do governo petista" - Notícia do Amazonas, Manaus, Amazonas, Brasil, 23/06-06/07/2006, p. 4.
* Cholo. ** El censo brasileño tiene las opciones de color/raza: ‘preto’, branco, 'pardo', 'indígena' y 'amarelo'. *** De Amazonas. 


Extraido de http://www.mestizos.net